La carretera durante el fin de semana había sido intensa y tocaba relajarse un poco de tanto kilómetro, que no de lo demás, porque seamos sinceros, de catar buen vino y comer deliciosos manjares no se cansa uno. Geoff todavía estaba aquí, así que tocaba agasajarle con una buena comida típica de Bilbao. Y para mí, no hay mejor sitio que Casa Rufo (www.casarufo.com), mi restaurante predilecto. Recientemente había estado allí para una comida familiar y echando un vistazo a la carta de vinos vi uno que me parecía fantástico, así que pedí que me lo guardaran. E hice bien, porque era la última botella que les quedaba.

Así que el lunes tocó reposo y allí nos presentamos. Unas ricas croquetitas, un poco de foie para ir abriendo boca y de segundo, unas kokotxas al pil pil y un lomo de merluza al horno. Qué decir? Todo impresionante. Y de beber….. ay ay ay…… Jean Leon Reserva 1979, Penedès. Espléndido Cabernet Sauvignon de mi bodega favorita. De esta añada había conseguido hace muchos años tres botellas del Gran Reserva, del que guardo un recuerdo muy especial, y este reserva estaba impresionante. El corcho se rompió al salir, pero sin problemas. De entrada, terciopelo puro. Nada cerrado y ese toque ácido de la Cabernet. Con el paso del tiempo seguía dando unos aromas increíbles y en boca era magia pura. Impresionante de verdad. Un vino espléndido de los de no cansarte nunca. Lástima que fuera la última botella.

Nuestra versión española de Sideways por tierras castellanas y vascas tocaba a su fin, y para celebrarlo, decidimos ir a cenar la última noche al Asador El Puerto, en Castro Urdiales. Cena frente a la bahía, luces tenues, música ambiente…. Todo muy romántico, oyes, para dos gandules como nosotros. Un poquito de tomate de ese que sabe a tomate, un delicioso alioli que se terminaba demasiado pronto y un cogote de mero al horno que había que verlo y comerlo para creerse lo bueno que estaba.

Nada más entrar por las escaleras del puerto te encuentras con unos armarios con un buen montón de botellas de vino. Mis ojos se posaron primero en un Mauro 2014 y después en un Mauro 2013. Me iba haciendo a la idea de pedir el 2013 cuando de pronto, ante mis ojos, allí mismo, como si se tratase de una aparición, esperando que alguien lo pidiera, había un Hacienda Monasterio 2012. Sonaban trompetas celestiales, y Geoff tuvo de sacarme de mi trance para sentarnos en la mesa. Y ese fue el elegido. Ya había probado esta añada en mayo y en julio, y sabía lo que iba a encontrarme. Y quería más y más. Un vino fascinante, como las otras dos veces, que no te cansas de beber. Y antes de que alguien lo diga, no, no tenía exceso de madera. La carga aromática, el cuerpo, la boca… solo puedo decir que me parece un gran vino del que no me canso nunca. Una gran velada que sirvió de perfecto final para nuestro paseo por estupendas bodegas y restaurantes.

Y hasta aquí llegó nuestro recorrido vinícola-gastronómico. Lo cierto es que ha dado mucho de sí. Han sido cinco días de vino, bodegas, restaurantes, pero sobre todo, de momentos vividos y personas con las que los hemos compartidos que han hecho que ésta haya sido una gran experiencia: José María Raya, Orly Lumbreras Daniel Ramos, Elena García Carmen, Verónica Salgado Ascensión Repiso, José Luís Pérez de Casa Rufo, Bertol Izagirre… Todos ellos han aportando algo de sí mismos y han hecho que estos días hayan sido espectaculares y que los recuerdos perduren para siempre. A todos ellos, muchísimas gracias.