Tú que me lees tienes la respuesta a esta pregunta: cuantas veces se cumplen 50 años? Solo una, verdad? Y como se daba la ocasión, se exigía celebrarla por todo lo alto. El Club de Cata de La Ruta del Vino, cantera de campeones, se prestaba a ello. Y como siempre que se hace algo, hay que hacerlo lo mejor que uno puede. Así que allí nos plantamos listos para celebrar y descorchar unos cuantos vinos. Unos especiales, unos curiosos y algunos otros, entre mis vinos de cabecera.

El plan era ofrecer una cata a ciegas, y lo cierto es que salió estupendamente. Muchos de los vinos, por no decir todos, sorprendieron y gustaron mucho.

En el reino del Champagne, que nadie le dice a Phillippe a la cara que fuera de Champagne se hacen espumosos ricos, cayó uno bastante apetecible. Ya hemos hablado de este vino con anterioridad, y ahora debutaba en Santander: Hiruzta, un espumoso de Gipuzkoa hecho con Hondarrabi Zuri. Si las cuentas no me fallan, debe ser la segunda añada que se hace de este vino. Muy fino, con un carbónico algo duro pero que se dejaba beber muy bien por la fruta que tenía.

Después de las burbujas, tres vinos blancos. El primer elegido fue un Albillo Real de la Sierra de Gredos. El gran Orly Lumbreras hace este Protocolo Zero 2015 que estaba fenomenal.

De Ávila a Galicia, para disfrutar de un Godello de Monterrei, que es uno de mis blancos predilectos: Vega de Lucía 2015. Como todas las añadas que he probado, impecable. Muy bien de fruta y de acidez.

Para terminar con los blancos, otro de mis recientes favoritos y del que ya hemos hablado en un par de ocasiones: G22 2015, de Gorka Izagirre. Un txakoli de Bizkaia que es muy difícil de superar. Cuanto más lo bebo, más me gusta.

De los blancos pasamos a los tintos. El primero venía de Italia, de Venezia Fruli. Teran Riserva 2012 de Castello di Rubbia. Carso-Kras DOC. Elaborado con uva Teran, estaba demasiado ácido para mi gusto. Desde aquí nos fuimos a Rumanía para probar un Corcova 2014, de Viticola Corcova, DOC-CMD Mehedinti, elaborado con Feteasca Neagra. Un vino curioso que se dejaba beber.

Entrábamos en los tres últimos vinos y ya se mascaba en el ambiente la tensión por lo que venía. Un vino del Nuevo Mundo en las copas, muy especial, de esos que no llevan añada por la forma con que se hace. Coupage de Cabernet Sauvignon y muchas más cosas que no nos dicen, y mezclado año tras año con los remanentes de anteriores añadas. Caballo Loco Nº6, de Bodegas Valdivieso, de Chile. Me temía que estuviera un poco caído pero estaba estupendo.

Siguiente vino de cabecera, Finca La Planeta 2007 de Cellers Pasanau de Priorat. Como siempre, excelente. Poco más puedo añadir a todo lo que he dicho de este vino. Me chifla.

Para rematar la velada con los tintos, otro grande. Castelgiocondo 2010, un fantástico Brunello di Montalcino de Marquese Di Frescobaldi. Perfección embotellada.

Y para terminar, un vino muy curioso, si es que podemos llamarlo vino. Un licor de Letonia que no dejó indiferente a nadie. Black Balsam Currant.

Un gran repertorio de vinos, y no porque lo haya elegido yo, que también, sino porque estaban estupendos. Pero lo mejor no fueron los vinos, ni siquiera las tres tortillas de patata del Bar Ereaga de Bilbao que cayeron (perfecto maridaje, por otra parte), sino la estupenda compañía. Así da gusto celebrar cualquier cosa.

Ahora ya solo hace falta empezar a pensar en la siguiente, porque como siempre digo, no necesito ni siquiera motivos.