A veces se crea cierta polémica cuando hay gente que hace cosas que pueden ser vistas como ir contra corriente, o como dicen los ingleses, contra el Establishment. Pero no hay gracia en eso? Claro que la hay. No promovemos la revolución ni mucho menos, pero sí hacer cosas saliendo de nuestra zona de confort. No siempre vale hacer las cosas como se han hecho siempre porque se han hecho siempre así. Tiene que haber espacio para innovar, probar cosas nuevas, desarrollarse, crecer, etc.

Todos tenemos asumido que en la Rioja, por ejemplo, hay que hacer vino con la Tempranillo, cuando la tradición, al menos en determinadas zonas, era que predominaban variedades como la Garnacha o la Mazuelo, pero ahora piensas en un perfil de Rioja clásico y te viene a la cabeza un Tempranillo 100%. Que no es que me parezca mal, porque creo que cada uno tiene que hacer lo que le gusta dentro de las reglas del juego y como consumidor comprar lo que te satisface. Pero cuando esas reglas te permiten jugar, creo que hay que jugar. Hace poco hablábamos de lo que hace Bárbara Palacios en Briones, y lo defendíamos porque el mundo del vino da para mucho, y si te dedicas a ello y has estudiado o tienes una experiencia adquirida, por qué no vas a poder utilizar aquello que tienes a tu alcance? Por qué no vas a poder experimentar? Si yo fuera enólogo, que es una pena no serlo, sería un defensor a ultranza de poder experimentar con aquello que tuviera a mi alcance y como decía, dentro de las reglas del club al que perteneciera. Y si no quieres experimentar, que puedas trabajar con aquello que te atrae más o tienes a tu alcance. No creo en trabajar encorsetado sin poder desarrollarte en tu profesión.

Javier Arizcuren es uno de esos viticultores que me atraen. Quizás porque me gusta el hecho de pelear por su sueño y abandonar una cómoda posición en la profesión de arquitecto para dedicarte a hacer vino. Y no hacerlo para otros, sino poco a poco para uno mismo. Y cuando empiezas así, a intentar hacerte un nombre, tienes que hacer las cosas diferentes del vecino que produce cinco millones de botellas al año, porque no puedes competir con él. Debes buscar algo que te identifique y te haga diferente de ese vecino. Y eso es lo que Arizcuren trata de hacer.

En Quel, un pueblo riojano situado entre Calahorra y Arnedo, Javier tiene sus viñedos. Tras estudiar Arquitectura y dedicarse a ello y posteriormente estudiar Viticultura y Enología, en 2011 se hizo cargo de una superficie total de 16 hectáreas propiedad de su familia en la Sierra de Yerga. Tiene plantado Graciano, Mazuelo y Garnacha en aquellas zonas donde la uva ofrece un mejor rendimiento. Son en su mayoría viñedos viejos plantados en vaso a los que ha añadido alguno más en régimen de alquiler desde hace un par de vendimias.

En 2015 fundó Arizcuren Bodega y Viñedos, bodega en la que elabora dos vinos: Arizcuren solomazuelo y Arizcuren sologarnacha, ambos monovarietales, como se aprecia por su nombre. El Mazuelo viene de parcelas con exposición noroeste con suelo arcilloso, abundante canto rodado y baja fertilidad. El rendimiento está algo por debajo de 4.000 kilos por hectárea y trata de hacer un vino con baja intervención. La producción es escasa, unas 2.000 botellas de la añada 2014. Destaca la vendimia manual a primera hora del día y que tras la fermentación, el periodo de maceración es de solo 2 o 3 días para no excederse con el carácter rústico propio de la variedad. La crianza es en barricas de roble francés de 500 litros durante diez meses.

Arizcuren sologarnacha viene también de viñedos viejos en las laderas norte de la Sierra de Yerga. La filosofía es la misma: buscar la máxima expresión de la uva con una intervención mínima. La fermentación maloláctica se realiza en depósito de inoxidable. La crianza es de diez meses en barrica de 225 litros de roble francés (de 1 a 4 años de edad). La producción de este vino fue de 533 botellas en la añada 2014, ya agotada. En los próximos meses saldrá al mercado la nueva añada, ya con 900 botellas

Pronto hablaremos con Javier acerca de la visita que hicimos a su bodega y de su filosofía como viticultor.

Fotos © Javier Arizcuren

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