Hoy seguimos con nuestra colaboración con Philippe Cesco, quien ocasionalmente nos ofrece su visión sobre el Champagne. Philippe es francés y está considerado uno de los mayores expertos en Champagne en España, donde reside desde hace años y ha sido formador durante diez años del Comité Interprofessionnel du vin de Champagne.

Bienvenido, Philippe!

En esta segunda entrega de nuestra ruta por el mundo del Champagne vamos a hablar del panorama actual de elaboradores que podemos encontrarnos. Quisiera decir antes de empezar que cualquier similitud con un bodeguero de verdad sería pura coincidencia o imaginación suya. Como en la viña del señor, y nunca mejor dicho, hay de todo.

Hay algunos elaboradores con suerte que tienen viñas sin saber por qué, normalmente ni siquiera elaboran Champagne, se contentan con mandar sus uvas a la cooperativa local y luego recuperan algunas botellas. Suelen tener una visión muy corta del mundo del Champagne y a veces, juzgando por las copas que utilizan cuando lo ofrecen para catar (poco, eso sí) uno se pregunta si de verdad les gusta el vino.

Luego están los del pueblo, muy paletos, que elaboran con más o menos fortuna unas uvas que cultivan como lo hacían sus padres, sus abuelos, con la química por delante, miran a los recién llegados con recelo. Para ellos el Champagne es puro negocio, ni lo miman ni lo aman. Hacen vino, pero si estuvieran en el valle cultivarían la remolacha con el mismo poco interés. Sus etiquetas podrían competir en el concurso de la más hortera.

Por otro lado, tenemos los nuevos ricos, que suelen ser hijos de la burguesía local que invierten en el negocio porque da un estatus social, pero que por supuesto del viñedo conocen lo que ven desde la ventana del coche, pisar el barro no es lo suyo, se pueden estropear sus mocasines de Hermés. Sus etiquetas son malas imitaciones de las etiquetas buenas. Os suelen recibir muy, pero que muy bien. Hablan de su Champagne porque no prueban el de los demás. Normalmente lo suelen vender a los restaurantes con estrella, dicen, pero suele ser la estrella roja de Heineken imprimida en el toldo.

También tenemos a los pijos. Estos no es que elaboran mal, de hecho algunos lo hacen muy, pero que muy bien, pero también hay que darles de comer aparte. Su mayor preocupación es de saber quién bebe su Champagne. En el fondo no lo hacen para cualquier mortal, solo para la Jet Set.

Luego están las grandes casas, que como dicen, se toman a sí mismos por la élite. Son los que inventaron el Champagne y los únicos que hacen el auténtico Champagne. En las ferias solo reciben a los famosos, a los sumilleres de renombre y a los periodistas. Parece que para darse a conocer al resto de mortales sus anuncios publicitarios son suficientes. Normalmente ahorran en las degustaciones, suelen vender la moto a blogueros y periodistas de fin de semana, a aquellos que como ellos son unos iluminados.

Y luego tenemos los que son chapeau, por lo que hacen y como lo promocionan. Para no aburrir no voy a nombrar a todos, pero en esta división juegan los Bollinger, Roederer, Deutz, Moet, Lenoble… y muchos más.

Menos mal que entre todos ellos tenemos también un puñado de cracks, esos frikis de lo auténtico, los que nos gustan a los que nos gusta el Champagne con mayúscula. Los que miman sus tierras, los que respetan el suelo, los que respetan la tradición bien entendida y hasta las mariquititas que revolotean por los viñedos.

En este grupo están los que han demostrado que hay miles de Champagne, que no se atreven a romper falsas normas, que recuperaron lo mejor que hicieron sus antepasados, los que hacen un vino de Champagne. Son muchos, no les voy a nombrar a todos, pero así a bote pronto están Anselme y Guillaume Selosse, los hermanos Chiquet y, hablando de hermanos, los Laherte o los Bereche. Algunos hacen verdaderas frikadas para alucinar como Lassaigne y en menor medida Chartogne. Jóvenes que han revolucionado la casa familiar como los champagne Nicaise o MouzonLeroux.

Otros están llamando a la puerta: Olivier Marteaux, Guiborat, Calsac

Son muchos y no da tiempo para probar las más de 11.500 marcas de Champagne existentes, así que será buena idea empezar directamente por los mejores.

Hasta nuestra próxima ocasión.