Mi buen amigo Geoff (@GeoffHSearle) venía de Londres a pasar unos días y habíamos preparado un estupendo plan por la Ribera del Duero y la Sierra de Gredos. Así que según aterrizó hacia allí nos dirigimos: Ribera de Duero.

Nuestra primera parada fue Pago de los Capellanes (www.pagodeloscapellanes.com, @PagoDeLosCapellanes), en Pedrosa de Duero. Espléndida la visita de la mano de María. Pago de los Capellanes es una bodega cuyos vinos me han gustado desde siempre y tenía muchas granas desde hacía tiempo en hacer esta visita, así que surgió la oportunidad y allí nos fuimos. Nuestra visita incluía tres vinos que catamos gustosamente al final de la misma. Primero recorrido por un año de la bodega a través de un video realizado por los propietarios, primos a su vez de los vecinos Bodega Carmelo Rodero.

La visita en sí estuvo muy bien, recorrido por las diferentes salas de elaboración y crianza, con buenas explicaciones. Al final, como hemos comentado, tres vinos a catar: Crianza 2013, Reserva 2012 y Parcela El Nogal 2011, todos elaborados con Tempranillo 100%

A destacar primero que noté mucha acidez en todos ellos y eché en falta un poco más de cuerpo. Geoff y yo coincidimos en los tres vinos: El Crianza, con 12 meses de barrica de roble francés, nos gustó, mucha fruta roja en nariz y esa acidez mencionada. Capa media y ligero, y en boca era un vino gustoso agradable de beber. El Reserva, 14 meses de barrica de roble francés, tenía también esa acidez marcada pero además daba demasiadas notas a alcohol, haciéndolo un poco duro en nariz. En boca tenía mucho raspón y te dejaba la boca seca a su paso. El Nogal, con 18 meses de barrica de roble francés, era el más equilibrado de los tres y también el más redondo. Fruta negra, sin una madera excesivamente presente en nariz, ajustado de acidez y en boca resultaba sedoso y agradable, con un postgusto amargo bastante fino. Así que el Reserva fue un poquito desilusionante.

Nos alojábamos en un hotel rural que me gusta mucho y en el que ya he estado tres veces porque es como una segunda casa: Posada Casona de Valbuena, en Valbuena de Duero. Un pueblecito encantador y muy tranquilo que hace la maravillas porque está en el centro de la Milla de Oro de Ribera de Duero y tienes cualquier bodega que quieras visitar a 25 minutos como mucho. José María Raya hace las delicias de quienes nos alojamos allí. Una cena rica a base de raciones y a la hora de elegir el vino quería el Crianza 2013 de Teófilo Reyes, que lo había probado el año pasado y me gustó mucho. Peeeeeeero, no lo tenía, así que José María dijo que bucearía en su bodega para buscar algo que lo sustituyese. Y a fe que lo hizo. Nos preguntó si nos gustaría probar un Crianza 2004 de Matarromera, bodega situada a las afueras del mismo pueblo. Y quién dice que no? Yo, por lo menos, no. Qué decir? Según se abrió estaba tremendamente cerrado pero con un poco de tiempo descubrimos un vino sensacional, con una carga aromática y una boca esplendida. Un cuerpo increíble. Resultó ser uno de los mejores vinos del fin de semana.

El sábado, tocaba carretera. Tres horas por delante para visitar a Orly Lumbreras y Daniel Ramos en la Sierra de Gredos. Continuará.

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