Hacía mucho tiempo que quería conocer en persona a Mario Zanusso. Había publicado un artículo sobre I Clivi, la bodega que lleva junto a su padre Ferdinando, y después tuve ocasión de entrevistarle. Fue una muy buena oportunidad de aprender mucho sobre la forma en que sienten el vino y cómo lo elaboran, y desde entonces quería visitarlo. Un día no hace mucho, las estrellas se alinearon correctamente y finalmente pudimos conocernos.

El día amaneció nublado y lluvioso, lo que lo hacía inadecuado para visitar sus viñedos. Poner los pies en un viñedo siempre es agradable y especialmente si el viñedo es de una de mis variedades más apreciadas, la Ribolla Gialla. I Clivi di Ferdinando e Mario Zanusso se encuentra en el corazón del Collio, y la casa situada encima de la bodega está en la cima de una pequeña colina rodeada de viñedos, al estilo de los Châteaux de Burdeos.

Cuando hice el primer artículo y la posterior entrevista, Mario tuvo la amabilidad de enviarme muchas fotos que utilicé en ellos. Al llegar y entrar a la oficina, todo estaba exactamente como en las fotos: Ferdinando estaba trabajando en su escritorio y Mario también estaba allí, frente a su ordenador, así que me invadió una pequeña sensación de Deja-vu. Porque, de hecho, ya lo había visto antes.

Salimos al porche y Mario me estuvo hablando sobre los viñedos que rodeaban la casa y algunos más que se divisaban en la distancia. Una curiosidad sobre los límites de las DOs. Ocurre que los Zanusso tienen viñedos en dos caras de la misma colina: un lado es Collio DOC, provincia de Gorizia, y el otro lado es Colli Orientali del Friuli DOC, provincia de Udine. En ambos casos, dicho sea de paso, el suelo es de marga arcillosa, llamado Ponca en italiano y Opoka en esloveno, rico en sedimentos marinos cuyo origen se remonta al Plioceno. Por supuesto, tienen que vinificar cada parcela por separado para mantener cada sello de la DOC. Hablando de los viñedos, a Mario le apasiona hacer todos los trabajos del viñedo de forma ecológica, al igual que hace en la bodega.

Luego pasamos a la bodega, situada en el sótano de la casa, dentro de la colina. Además de limpia, estaba todo dispuesto: unos pallets de vinos listos para ser enviados, una pequeña mesa para hacer la cata, un ordenador para controlar todo, y los tanques de acero inoxidable. Ninguno de los vinos toca la madera, todos se elaboran en los depósitos. Solo había una barrica de roble en una esquina, el único representante de este estilo de recipiente para criar vino. Ver una pequeña barrica entre tantos tanques de acero resultaba extraño. El motivo de ello es que Mario utiliza la madera para envejecer las lías de Friulano que se recogen cuando se trasiega un tanque a otro. Después, mezclan partes de estas lías con el mosto para darle más estructura mientras envejece un poquito más.

Los Zanusso elaboran alrededor de 50.000 botellas al año con cuatro variedades blancas (Malvasia Istriana, Ribolla, Verduzzo y Friulano) y un vino tinto elaborado con Merlot. El Merlot es el único vino que pasa por el roble, ya que como hemos dicho, los vinos blancos realizan todos sus procesos en tanques de acero. El Friulano es el alma de la bodega, ya que producen tres vinos diferentes con esta variedad autóctona: uno procedente del viñedo Brazan, llamado Clivi Brazan, el segundo viene del viñedo Galea, llamado Clivi Galea. El tercero es Friulano San Pietro del viñedo del mismo nombre. Con la Ribolla producen además un maravilloso espumoso y un vino seco. Y el Verduzzo es un vino increíble cuya producción es de apenas 4.000 botellas por año. La Malvasia Vigna 80 Anni es un vino producido con Malvasia Istriana con un total de 3.000 botellas por añada.

Llegó el esperado momento de disfrutar algunos de sus vinos. El tiempo disponible era un poco limitado, así que solo catamos unos pocos. Comenzamos con el Friulano San Pietro 2016. Vino muy fino y elegante, tal vez un poco frío, como dijo Mario, pero realmente agradable en la copa. Seguimos con el Malvasia 2016, y como puedes esperarte, maravilloso, fresco y con una gran estructura, un vino que proporciona mucho placer. Finalmente, el Verduzzo 2016, que para mi sorpresa, que nunca había probado un monovarietal Verduzzo, estaba increíble. Un vino del que me enamoré instantáneamente. Afortunadamente para I Clivi, pero desafortunadamente para mí, se habían quedado sin el Ribolla Gialla 2016, así que así tengo otra excusa para volver a visitarles.

Fue una visita rápida, pero al mismo tiempo mereció mucho valió la pena. Mario es una gran persona y un gran enólogo. Se están haciendo muy buenos vinos en el Collio y los que hacen ellos son fantásticos. Sólo puedo esperar a la próxima vez que vaya a visitarlo de nuevo.

Foto (c) I Clivi