Uno de mis restaurantes favoritos en Bilbao tiene en su carta desde siempre uno de mis vinos preferidos, el Cabernet Sauvignon de Jean Leon. Allí he podido disfrutar de este vino con dos anécdotas incluidas. En la primera fui a comer con un amigo mío inglés Geoff. Aquel día tocaba pescado, que aunque de chuleta grande, este restaurante también pone un pescado excelente. Había estado comendo un par de semana antes y vi que en la carta tenían el Cabernet Sauvignon Reserva 1979 y cuando pregunté me dijeron que solo les quedaba una botellas, así que les pedí que me la guardasen. A Geoff le había estado hablando del excelente vino que íbamos a disfrutar en la comida, sobre todo para subir sus expectativas. Le había dicho también la añada, por supuesto. Así que cuando nos trajeron el vino, pedí que lo catase él. Su cara merecía mucho la pena. Estaba extasiado. Lo cierto es que esta botella estaba increíble. Había probado años atrás el Gran Reserva 1979, que está en ese olimpo particular de los grandes vinos que he disfrutado. Este vino estaba igualmente excelente. Y como era la última botella, tuvimos que esforzarnos para que durase toda la comida. Geoff lo disfrutaba mucho (yo también, por supuesto), aunque se le notaba un poco tenso, pero con cada trago que daba, se relajaba más. Compartimos una copa con el dueño del restaurante, a quien también le maravilló, y finalmente conseguimos juntar los dos finales, el de la comida y el de la botella. Pedimos la cuenta y salíamos a pagar unos 60 euros por cabeza. Entonces Geoff respiró aliviado. Entonces me dijo que pensaba que un vino tan bueno como este en el Reino Unido no baja de 200 euros por botella y claro, estaba seguro de que este constaría lo mismo. Su sorpresa fue al ver que íbamos a pagar menos de 50 euros por tan maravilloso vino.

Unos meses más tarde tocaba celebrar la Navidad en familia y volvimos al restaurante. Sin ver la carta de vinos, le pregunté al dueño si tenía alguna otra sorpresa de Jean Leon, toda vez que el 1979 se había acabado. Fue a la bodega y a su vuelta me dijo que tenía un 1992, pero solo en magnum. Éramos cuatro adultos para beber vino, y un magnum, bueno, tengo un amigo que dice que un magnum es la medida ideal para dos personas cuando solo bebe vino una de ellas. Así que nos tiramos al río. Tú que me lees ya sabes qué te voy a decir, verdad? Sublime, realmente excepcional. Otra añada maravillosa.

Con estos antecedentes, quise hacer una cata vertical del Cabernet Sauvignon de Jean Leon y posteriormente escribir un artículo sobre ella, así que me puse en contacto con Mª Antonia y Jùlia, dos personas fantásticas que trabajan en el departamento de marketing de Bodegas Torres, grupo al que pertenece Jean Leon. Tuvieron la amabilidad de cederme tres añadas míticas en magnum: 1997, 1998 y 1999, con la curiosidad de que 1998 fue la primera añada del Cabernet que compré a Jean Leon cuando Josep Roca (sin relación con su tocayo) estaba al mando de la bodega.

Reunido con algunos de mis colegas, que además de grandes amigos, son somelieres, profesores de vino, comerciantes de vino y ganadores de concurso de cata a ciegas, abrimos las tres botellas. Con mucha pena, comprobamos que el 1997 tenía TCA, así que desgraciadamente no pudimos valorarlo. Empezamos por el 1999 que estaba fabuloso. Las notas especiadas y a pimiento mandaban en la nariz y en la boca la acidez seguía muy presente. Para mí era un ejemplo de cómo debe oler y saber un Cabernet Sauvignon de verdad, y a pesar de los casi 20 años, este vino estaba muy vivo, con muchas año por delante, como demuestra lo comentado anteriormente de las añadas 1991 y 1979.

El año 1999 siempre me ha gustado mucho en los vinos españoles, habiendo disfrutado de muy buenas botellas de esta añada, y aunque esperaba de antemano que este vino estuviera bueno, al abrirlo y catarlo comprobé que cumplía con mis expectativas.

Después pasamos al 1998. En este vino mandaba mucho más la fruta que en el anterior, donde la acidez tenía un perfil más acentuado. En este 1998 la fruta roja estaba muy viva, era un vino más opulento que el anterior, con mucha más carnosidad en boca. Una acidez ligeramente menor.

Dos añada diferentes de uvas provenientes de la misma finca que ofrecían las diferencias propias de cada vendimia y que se distinguían en la copa. Dos grandes vinos. Entre los catadores hubo distintas preferencias, unos se inclinaban más por la acidez del 1999, otros por la fruta del 1998. Lo bueno es que se puede elegir de acuerdo con los gustos de cada uno, que es lo importante a la hora de disfrutar de una copa de vino. Cual me gustó más? Digamos que me quedo con el 1999 55%-45%. Cuesta elegir entre dos añadas de un vino del que he probado más de 10 añadas diferentes, porque es de mi agrado y nunca ha fallado. Es lo bueno que tiene encontrar un vino así, que siempre te gusta por una razón o por otra.

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