Las historias de superación, de esas personas que pelean por alcanzar sus sueños o metas son siempre muy gratificantes. Sobre todo cuando todo a su alrededor indica que lo que pretenden es muy difícil o casi imposible. Cuando todos te dicen que en este sitio es imposible que crezcan vides, que el suelo es muy pobre y no tiene nutrientes suficientes o cuando descubres que el precio al que tienes que vender cada botella de vino solo para cubrir los costes es casi lo que cuesta llenar el depósito de gasolina del coche. Además, el sitio al que quiere sir está prácticamente despoblado y todos terminan diciendo que estás loco si haces eso. Y todo porque un día encontraste un sitio y paseando por él decidiste que era allí, y no en ningún otro sitio, donde querías hacerlo.

Todavía teníamos pesetas, no había cadenas privadas de televisión y eso de internet era todavía inimaginable. En esta zona no había nada. El suelo era de pizarra, los análisis para ver si había nutrientes se tenían que repetir porque la máquina tenía que estar mal cuando decía que allí abajo no había nada, las vides debían plantarse en escaleras porque era todo ladera, lo que hacía que la vendimia tuviera que ser manual, aumentando así los costes de producción.

Sin embargo, cinco amigos decidieron hacer realidad su sueño. Daphne, Álvaro, René, Carles y Josep Lluís estaban convencidos de que allí se podía hacer vino, y vino de calidad. Y allí se fueron. Y así empezó, con un grupo de personas y familias que se asemejaban más a una comuna hippy que a un grupo de viticultores que revolucionarían el mundo del vino en España y en el extranjero. Porque, quien iba a pagar cinco veces más lo que costaba un buen Rioja por un vino del interior de Tarragona, perdido en la montaña, donde nadie hacia vino sino era para consumirlo en casa?

Por suerte, los cinco se quedaron en el Priorat, y consiguieron sus objetivos. Claro que tuvieron que luchar, pero donde está la gracia de algo si no tienes que luchar por ello?

Con el tiempo la zona se convirtió en lo que es ahora, una región en la que se hacen vinos corpulentos, con mucha potencia pero muy elegantes, y que siempre resultan muy agradables de beber. Por supuesto, si aprecias los vinos así, porque aquí no se hacen vinos ligeros de esos que puedes ver a través de la copa. La Llicorella tiene estas cosas, las raíces de las vides deben bajar más de diez metros para encontrar comida. Hay bodegas que además no riegan, y en esta zona no es que llueva mucho. Y todo eso se traslada a la uva, y de la uva al vino. Son vinos que si te gustan te apasionan. Y tú que me lees ya sabes que soy un gran apasionado de los vinos del Priorat.

He probado todo lo que he podido y siempre me han parecido vinos fantásticos. Mi estilo de vino es ese que consigue transmitirte todo lo que el suelo o terruño aporta sin que se busque que la madera lo haga, como pasa en otros sitios. La potencia, pero sobre todo la elegancia de los vinos del Priorat me tiene enamorado desde que probé el primero hace ya muchos años. Y año tras año, esa potencia controlada sigue hechizándome.

Me gusta mucho visitar bodegas y ver las diferencias que hay en el proceso de elaboración de un vino. Cómo unas bodegas riegan y otras no, unas usan pesticidas y su vecino no, otras vinifican por parcelas y variedades, otras con el ensamblaje ya hecho, roble francés o roble americano, barrica nueva o usada… Es siempre curioso ver cómo estos aspectos pueden influir en el producto final y cómo la enóloga o enólogo eligen el camino que más les gusta tomar para que sus vinos respondan a lo que buscan.

Como apasionado del vino, tengo mis preferencias y a la vez, guardo sitio en mi memoria para aquellas botellas que me dejaron una profunda impresión y que siempre quiero volver a probar, aunque sean diferentes añadas, claro. Uno de mis primeros Prioratos fue Finca La Planeta, creo que 1997, de Celler Pasanau. Recientemente he probado en un par de ocasiones su 2007, aparte de añadas intermedias, y sigue pareciéndome un vino excelente. No quiero olvidarme de Les Terrases 2001, de Álvaro Palacios., que si bien he probado 2002, 2003, y creo que 2005 y 2006, dejó su huella. Otro que tengo en mi recuerdo es Clos Mogador 1998, del que poco más puedo añadir a que me pareció de los mejores vinos que he probado nunca. Y otro que tengo en mi recuerdo es Clos Martinet 2004, de Mas Martinet.

Entre las bodegas que he disfrutado visitando están Costers del Siurana, Mas Doix y Clos Dominic, esta última dos veces. Hay varias que tengo agendado visitar y una de ellas es Mas Martinet, bodega que se encuentra entre Falset y Gratallops.

Mas Martinet fue fundada en 1981 por Josep Lluís Pérez y su hija Sara es la actual enóloga. Sara compagina su trabajo aquí junto con su proyecto Venus La Universal en Montsant, del que también hemos tenido ocasión de disfrutar de algunas botellas.

A Sara le gusta trabajar con madera, cemento, ánforas, damajuanas e inoxidable, siempre buscando su perfil preferido. Aquí en el Priorat elabora 5 vinos tintos:

  • Martinet Bru es el vino más joven y está elaborado con uvas procedentes de la finca Mas Torrent, con un ensamblaje de Garnacha, Syrah, Cariñena, Merlot y Cabernet Sauvignon y 18 meses de crianza en tinas de madera de 4.000 litros y barricas de 300 litros.
  • Duaia, a base de Garnacha, Syrah, Cabernet Sauvignon y con 21 meses de crianza en barricas de roble francés.
  • El buque insignia de la bodega, Clos Martinet, con Garnacha, Syrah, Cariñena, Merlot, Cabernet Sauvignon provenientes de la finca del Mas d’en Martinet y 16 meses de crianza principalmente en fudres de madera y barricas, y también en ánforas de arcilla.
  • Els Escurçons es un vino de pequeña producción, unas 1.200 botellas de la añada 2012, que se elabora con Garnacha Negra 100% proveniente de la finca del mismo nombre. El vino se cría en ánforas de cerámica de 200 litros durante 16 meses y 3 meses más en damajuana.
  • Camì Pesseroles es un tinto con un 80% de Garnacha y un 20% de Cariñena. Proviene de una parcela situada en el valle de Pesseroles y se cría durante 20 meses en barricas de 225 litros. Su producción se queda en las 1.500 botellas.

Son vinos cuya característica principal es que reflejan la zona de la que vienen. Pronto hablaremos con Sara sobre sus vinos y filosofía como viticultora.

Fotos © Mas Martinet

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