Pedazo de madrugón el sábado, pero había que hacer carretera porque nos esperaba Orly Lumbreras en Cebreros, Ávila.

Tres horas de viaje por carreteras secundarias y algo de autovía, y allí estaba Orly esperándonos. Enorme Orly, por supuesto y todo nuestro agradecimiento para él.

Según llegamos, y el calor ya apretaba de lo lindo, nos fuimos a la viña. Primero a las que tiene a mitad de camino entre Cebreros y El Tiemblo. Unos viñedos muy curiosos, con pocas plantas y de un rendimiento escaso, de unos dos kilos por planta. Orientación este y suelos de pizarra, aunque a Orly le gusta más trabajar con el granito, y con unas vistas estupendas. Son zonas agrestes, donde llama mucho la atención lo pequeñas que son las cepas. De ahí nos fuimos al otro lado de Cebreros donde tiene Orly el viñedo que da “Los besos que te robé”. Muy diferente del anterior, con mayor concentración y mayor tamaño de las cepas. Nos iba explicando todo el trabajo que hace en las viñas, y sobre todo, lo que le hace elegir una parcela determinada cuando tiene la oportunidad de adquirirla. Puede parecer algo místico, peor creo que cuando pretendes trasladar a una botella lo que el suelo de esa parcela ofrece, tienes que tener una convicción especial de que va a ofrecerte algo bueno con lo que trabajar. Esto nos dio para mucha conversación, porque estoy completamente de acuerdo con su visión del vino y de la parcela en contra de la idea de grandes explotaciones. Cada parcela, por pequeña que sea, y alguna no llegaba a la hectárea, tiene su suelo y dota al vino de su propio carácter, que es con lo que tiene que trabajar el vigneron.

Después volvimos a la bodega, y Orly nos ofreció cuatro vinos. Empezamos por tres tintos de 2015, todos a base de Garnacha 100% y sacados de la barrica por la mañana y puestos a enfriar. El primero un pelotazo impresionante del que me enamoré según lo probé. Nuevo experimento de Orly, de una pequeña parcela que tiene en San Bartolomé y de la que espera sacar dos barricas. No, no serán muchas botellas, así que si quieres alguna, más te vale correr. Nombre de batalla hasta que le llegue el bautismo: San Bartolomé sin sulfuroso 2015. Una mineralidad asombrosa, fruta negra a mansalva, mucho cuerpo y una boca llena y elegante. Muy rico. Un vino muy especial que refleja el espíritu de la garnacha de la parcela. Seguido, otro gran vino: Punto G 2015. Mucha carga aromática y fruta roja, sobe todo cereza. Inunda la nariz. En boca muy potente. Un pelín de raspón que no molesta nada y muy sabroso. Más amargo y largo en boca. Un vino muy equilibrado. El tercer vino: Laderas 2015. Fruta negra y más acidez que los anteriores. Suelo de pizarra y muy cálido en nariz. Un vino estilo Priorat. Complejidad aromática. Mucha fruta y todavía azúcar porque no ha terminado la maloláctica. Toques especiados muy agradables.

Después de los tintos, un blanco muy especial: Albillo 2015. Criándose todavía en una barrica de Gorka Izagirre (se puede leer la entrevista con José Ramón Calvo para saber cómo llega esta barrica hasta aquí), es un vino al que le falta un poco para ser La Peguera 2015 por lo que irá a Protocolo Zero. Color dorado y un aroma potente. Suave en boca y afrutado. Sin notarse nada la barrica. Nada de acidez. Menos 1, como decía Orly. Toques mantecados al final. Hablando de La Peguera, probamos el 2014. Más ácido y sin la carga frutal del 2015. Un vino más hecho y muy curioso en boca. No había probado antes una Albillo como esta y resulta ser un vino muy especial.

Con la comida, que compartimos con Orly, Los besos que te robé 2015. Siento debilidad por este vino, con la fruta negra que ofrece y un recuerdo a maceración carbónica. Muy rico, muy bien de cuerpo y muy bien de boca.

Una excelente visita a Orly Lumbreras que solo puedo recomendar una y otra vez. Gran tipo, gran enólogo y gran hacedor de vinos. A veces, te encuentras con personas que te muestran la pasión que sienten por su trabajo, su oficio o su alma. Les ves en su terreno, donde están más a gusto, y ves que lo que hacen es lo que sienten. Y Orly es uno de ellos,

Después de la despedida, nos esperaba Daniel Ramos a 7 kilómetros, en El Tiemblo. Continuará.