El domingo amaneció igual de caluroso que el sábado, pero más relajado. Nada de tres horas de carretera en cada dirección para seguir nuestro recorrido, lo cual Geoff agradeció bastante. Hoy tocaba Emilio Moro (www.emiliomoro.com, @Emilio_Moro) por la mañana, a escasos 8 kilómetros de nuestra base de operaciones. Y sobre todo, nuestra cita era a las 1130. Desayuno tranquilo.

No puedo hablar lo suficientemente bien de Elena y de Carmen. Una visita a Bodegas Emilio Moro siempre es una gran experiencia, y no por lo vinos, que también, sino por ellas dos. Elena siempre ha hecho que nos sintamos como en casa con su trato tan especial y Carmen logra transmitirnos su pasión por el vino durante la visita que nos hizo a los dos con todas sus explicaciones, y también paciencia, que hay que decirlo todo. En noviembre pasado ya habíamos estado allí con una visita espectacular y pensaba que seria difícil de superar, pero no. Prueba conseguida.

Recorrimos las instalaciones de la bodega e hicimos la cata de barricas. Una gran experiencia para cualquier persona que quiera conocer más sobre el vino. Tienen tres barricas para que aprecies la diferencia y la influencia en el vino de cada una de ellas. Todo el vino es Tinto Fino 2015 y lleva en esa barricas desde más o menos enero de 2016. La primera barrica es roble americano, 225 litros. El vino tiene unos aromas a golosina y vainilla bastante agradables, resulta suave y sin taninos marcados. Una buena carga aromática aunque puede resultar un poco pesado beber más de un par de copas por la parte de la golosina. La segunda barrica es roble francés, 225 litros. Potencia completamente desmedida. El vino está muy verde, en nariz da mucho alcohol y notas tostadas y fruta negra y se nota que tiene que domarse mucho. Resulta bastante astringente. Tercera barrica, roble francés, 500 litros. Por mí, podían embotellar este vino y me lo llevaba a casa de la misma. El vino estaba muy rico, muy correcto de todo. Buen cuerpo, buena boca… Para un vino joven con seis/siete meses de barrica estaba muy bien. Así que muy buena cosa poder apreciar las diferencias que tres barricas distintas aportan al vino.

Aquí Carmen nos llevó al restaurante y nos dijo que Elena tenía una sorpresa para nosotros. Con un plato de jamoncito y lomo, y un poco de tortilla para Geoff, Elena nos ofreció tres vinos: Finca Resalso 2015, Emilio Moro 2014 y Malleolus de Sanchomartín 2010. Los ojos como escarpias y los pelos como platos. O es al revés? Y emocionados, claro. El Resalso me recordaba mucho al que habíamos bebido del roble americano. Mucha fruta, vainilla y golosina, recuerdos a maceración carbónica. En boca resultaba agradable pero como he dicho antes, para un par de copas. El Emilio Moro 2014 fantástico, me gustó mucho. Con una buena carga de fruta negra, en nariz me parecía un vino elegante y con una madera correcta en la boca. Bien de taninos, un vino muy fácil de beber. El Sanchomartín, pues eso. El buque insignia de la bodega. Muy redondo y acabado elegante, con una boca muy larga y persistente. Un gran vino. Geoff pecó aquí.

Estábamos ya tomando las últimas notas en la libreta cuando volvió Elena y nos ofreció catar otra ronda, esta vez de Bodegas Cepa 21: Hito 2014, Cepa 21 2014 y Malabrigo 2011. Hito resultaba un vino correcto y equilibrado, tanto en boca como en nariz, con 6 meses de barrica y un paso por boca correcto. Cepa 21 me pareció un pelín ácido y alcohólico. En boca astringente, con 14 meses de barrica respecto a los 12 del Emilio Moro. Éste último me pareció bastante mejor. Finalmente, Malabrigo estaba un poco caído. De entrada, en nariz ya me lo parecía y esperé un poco a ver si se corregía algo, pero no. Más tarde seguía igual.

Como comentábamos, una visita espléndida y nuestro mayor agradecimiento a Elena por todo lo que hizo y a Carmen por su pasión y explicaciones.

Tocaba retirarnos a los cuarteles de invierno antes de la tarde, que había visita, pero como era agosto y estábamos en Castilla, tocó ir a comer lechazo a Peñafiel. Asados Alonso. A la segunda fue la vencida, ya que mi primer intento el año pasado no fue fructífero. Para beber, Cabreiroá con gas, de añada. Que no conviene exagerar. Quedaba mucho camino por delante y nada que demostrar a nadie, aunque la carta de vinos de Asados Alonso me hizo dudar mucho, mucho, mucho, pero fui valienteeeeeeeeee.