Nuestro periplo por tierras castellanas tocaba a su fin. Las llanuras, los castillos y las iglesias románicas dejaban paso a los montes verdes del norte. Y si atrás quedaba la Tinta Fina y la Garnacha, llegábamos ahora al paraíso de la Hondarrabi Zuri y la Hondarrabi Zerratia. Y cuando viene alguien de fuera, hay que enseñarle todo lo bueno que tenemos aquí. Así que dirigimos la proa de nuestra nave hacia Gorka Izagirre (www.gorkaizagirre.com, @Bodega_GI), una de las mejores bodegas de Txakoli. No de aquí solo, sino de todo. Ya lo siento por nuestros vecinos del este y del sur, pero es lo que hay.

Recientemente habíamos hecho una entrevista con José Ramón Calvo, enólogo de la casa, y ya desde entonces tenía pensada la visita. Con Geoff aquí, la ocasión era inmejorable. Por ausencia de José Ramón, hicimos la visita con Bertol Izagirre, que mejor trabajo que el que hizo no se puede hacer. Gran visita la que nos regaló. Nos llevó a unos de los viñedos que tienen en las afueras de Larrabetzu. La bodega tiene 40 hectáreas plantadas de las dos variedades, y en esta parcela tiene la mitad de ellas. 20 hectáreas, para quienes como yo sois de Letras. Es una parcela muy curiosa. Casi toda ella está prácticamente en ladera con pendientes en alguna parte de hasta el 30%. Tiene las dos variedades plantadas y se adivina perfectamente la diferencia entre ambas, con la hoja de la Zuri más amarilla que la Zerratia. La uva está ya en grandes cantidades en el racimo, y aunque todavía está dura, se aprecia la cantidad de fruta. Tiene un aspecto excelente.

Después del viñedo, donde por otra parte en el mismo se organizan bodas y otras celebraciones, volvimos a la bodega. Aquí, Bertol nos explicó el proceso de elaboración del txakoli, mostrándonos las salas de la bodega. Y seguido, nos hizo una cata de sus vinos. Empezamos por el Gorka Izagirre 2015, el txakoli joven a base de Hondarrabi Zuri. Espectacular de acidez y fruta, con toques cítricos, un poquito de piña y de chirimoya. En boca muy fresco, con 12.5%, y muy agradable, de esos que puedes beber solo sin problemas. Solo, a palo seco, no tú estando solo. Es un txakoli moderno de los que gustan ahora, sin ese perfil tan ácido que se llevaba antes.

Seguimos la cata con un txakoli que me resulta excelente. El G22 2014, con 12%. En la cata que hicimos en Bodega Urbana probamos dos, el 2013 y el 2014 y, aparte de ser el que más me gustó, el 2013 me pareció impresionante. Aquí el 2014 me pareció lo mismo. Un gran vino hecho a base de Hondarrabi Zerratia y que no se parece en nada al joven. Es un vino muy elegante, sin la acidez del anterior y con una potencia aromática estupenda. En boca resulta muy fresco, con un buen cuerpo y recorrido y también cierta melosidad. Si tú que me lees eres de esos a los que les gusta el maridaje, para mí este vino se puede beber con toda clase de comida. Sin ningún problema.

Después llegó el vino top de la bodega, el 4 2 by Eneko Atxa 2014. 12,5% y todo Hondarrabi Zerratia. Tiene un mes de barrica nueva (Orly Lumbreras por su parte tiene una de las barricas de 500 litros usadas para este vino para hacer el Albillo de La Peguera). Este paso por madera tan corto, a pesar de todo, le da un toque bastante elegante. Muy bien de aroma y de fruta, sin mucha acidez, tiene un amargor muy rico y una untuosidad muy agradable. En la Bodega Urbana la vez anterior me pareció que el G22 estaba muy por encima del 4 2, pero lo cierto es que ahora la diferencia no era tanta. El G22 ya me había pareció estupendo al probarlo, pero el 4 2 me sorprendió en el sentido de que me parecía más hecho que antes. No me resultaba tan sencillo ahora decir cuál de los dos me gustaba más. Quizá el G22, pero el 4 2 estaba también muy bueno.

Para terminar, el Arima Vendimias Tardías. Un vino muy rico, sin ser excesivamente dulce ni muy ácido. Un toque de madera elegante, creo recordar que tres meses, y nada pesado a la hora de beberlo con sus 12,5%. Así como hay otros vinos dulces que cansan en la segunda copa, éste se puede seguir bebiendo sin ese problema.

Como decía, excelente la visita que nos organizó Bertol Izagirre, a quien volvemos a agradecérsela. Y también a José Ramón Calvo, por supuesto.