No hay nada mejor que encontrarte gente como Javier Arizcuren cuando buscas algo diferente en el mundo del vino. Porque da gusto, la verdad, conocer personas que hacen las cosas con pasión, sin volverse locos ni intentar llegar adonde quieren antes de tiempo. Javier es de los que tiene las cosas claras, y como apasionado del vino que soy, me gustaría ver embotellado todo lo que hace en diferentes parcelas y con diferentes vinificaciones, pero él quiere ir despacio y crecer a su debido tiempo. Y creemos que es lo correcto.

Estuvimos de visita en sus viñedos en la localidad riojana de Quel y tuvimos la ocasión de compartir con él un buen rato visitando diferentes parcelas, escuchando sus explicaciones y probando sus vinos. Quel es un pequeño pueblo en la ribera del río Cidacos en La Rioja que cuenta con unas cuevas excavadas en el monte donde las familias del lugar tienen sus bodegas tradicionales, espacios donde podían guardar vino, y algunas todavía lo hacen. Javier nos llevó a visitar cada una de sus parcelas donde nos contaba los sistemas utilizados en las mismas: espaldera, vaso, etc. Y también las variedades plantadas en cada una. En unas había riego por goteo, en otras no se regaba. Por otro lado, destacaba la biodiversidad de las parcelas. En unas había cerezos, en otra melocotoneros de viña, almendros, olivos, etc. Dos parcelas llamaron nuestra atención. En la primera había un depósito de agua dispuesto para que por gravedad pudiera servir de riego a los viñedos adyacentes, ahorrando así costes y consumo de agua y combustible. La segunda parcela era ya una maravilla desde el punto de vista enológico, por lo menos para nosotros. Cepas de Garnacha plantadas hace más de medio siglo, con una disposición más abierta en la parte baja del viñedo y con mayor densidad en la parte alta. En las fotos se puede apreciar. De este viñedo Javier quiere elaborar en unos años un vino al que seguramente llamará por el nombre de la parcela, La Viña de Julián, que hace referencia al anterior propietario de la misma.

Hemos dicho dos parcelas? Bueno, queríamos decir tres. La tercera es un viñedo hecho al modo tradicional, es decir, como se hacía antes para el consumo de la familia: diferentes variedades tintas y blancas plantadas en hileras alternas. De aquí Javier hará un vino clarete. Cuando toque, por supuesto.

Como se puede ver, Javier Arizcuren controla diferentes parcelas a las que sigue añadiendo alguna disponible cuando se puede. Tiene mucho Tempranillo plantado pero todo es para su venta, por el momento.

Otra peculiaridad es que entre los viñedos también hay parcelas donde tiene plantados olivos. El aceite que se produce ahora se dedica sobre todo el autoconsumo y a regalar. Quién sabe si dentro de poco también lo encontraremos en el mercado.

Como ya hemos hablado en el artículo que le dedicamos hace no mucho, Javier elabora dos vinos: Sologarnacha y Solomazuelo. Después de la visita a los viñedos fuimos a ver una de las cuevas/bodegas que hay en el pueblo, donde además de picar un poco para matar el gusanillo pudimos probar los dos vinos, ambos de la añada de 2014. Dos vinos muy ricos y que dan un gran placer a la hora de beberlos. El Garnacha es un vino fresco, afrutado y ligero que se bebe con mucho gusto. El Mazuelo sorprende mucho, porque al principio parece un poquito corto en nariz, pero pasados cinco minutos la variedad de aromas que ofrece te embriaga antes de disfrutarlo en la boca. Son dos vinos que como hemos dicho se beben con mucho agrado. La cantidad es limitada, por lo que aquellos interesados en descubrir vinos que merecen la pena ya pueden apurarse.

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