Recientemente hemos tenido la ocasión de hablar con Germán R. Blanco (@GRBlanco) de los vinos que elabora en Ribera del Duero y El Bierzo. Emocionados por la entrevista, nos decidimos a visitar la bodega de La Aguilera, en la provincia de Burgos.

Allí fuimos recibidos por Enrique Herreros y su hijo José Luís, patronos de la bodega, y por Germán. Primero visita a las viñas. No todas, por supuesto, porque tienen un buen puñado de ellas y todas en el término municipal de La Aguilera. Esto hace que Quinta Milú sea una de las pocas bodegas de Ribera Del Duero cuyas uvas proceden del mismo pueblo. Esto precisamente es lo que buscan Germán y José Luís: que su vino tenga ese toque de Village que refleje la personalidad de las tierras de este pequeño pueblo burgalés.

Cada parcela es completamente distinta: suelos calcáreos, arcillosos, pedregosos, areniscos… Sobre todo con arcilla en profundidad. Diferentes orientaciones y lo más curioso es ver cómo les gusta que sean sus parcelas. En la zona hay parcelas de diferentes viticultores, separadas por estrechas franjas de tierra. Y las de Quinta Milú son diferentes. Hay otras con mayor densidad de plantación, otras con viñas más jóvenes, otras con viñas más viejas, pero casi puedes adivinar cuales son las suyas.

Una que llama la atención es Bellavista. Como su nombre indica, las vistas son increíbles. Se ve un horizonte a más de 100 kilómetros de distancia. Luego está La Cometa, El Cangrejo…. Cada una con algo que hace que el vino que produce sea especial. Y lo más importante, cada una tratada en orgánico, sin añadidos ni pesticidas.

Tras visitar unas cuantas parcelas, tocaba ver la bodega. Aquí llama la atención ver la diversidad de recipientes para el vino: tinos de inoxidable de 10.000 litros, cubas de madera de 5.000, barricas de 225, de 400 y de 500 litros e incluso un ánfora. Todos para hacer diferentes pruebas y experimentos.

A continuación, Germán dispuso en una barrica que hacía las veces de mesa unas cuantas botellas. Y procedió a abrirlas y darnos a catar. En orden fueron las siguientes:

Quinta Milú La Cometa 2015 Tempranillo 100% de viñedo viejos (70 años de media) y crianza de 11 meses en barricas usadas de 225, 400 y 500 litros de roble francés.

Quinta Milú Valdevicente 2014 Tempranillo 100% de viñedo viejos (más de 100 años) con crianza de 11 meses en barricas usadas de 225 litros de roble francés.

Quinta Milú Bellavista 2014 Tempranillo 100% de viñedo viejos (80 años) y una crianza de 11 meses en barricas usadas de 225 litros de roble francés.

Quinta Milú Bellavista Ánfora Tempranillo 100% de viñedo viejos (80 años) y una crianza de 6 meses en ánfora y 6 meses en barricas usadas de 225 litros de roble francés.

Quinta Milú Viñas Viejas 2014 Tempranillo 100% de viñedo viejos (más de 100 años) y crianza de 11 meses en barricas usadas de 225 litros de roble francés.

Quinta Milú El Malo 2014 Tempranillo 100% de viñedo viejos (70 años de media) y crianza de 18 meses en barricas usadas de 225 litros de roble francés.

Milú 2015 Tempranillo 100% y crianza de 6 meses en barricas usadas de 225 y 500 litros de roble americano y francés.

Lo primero que tengo que decir es que me hecho un enamorado de Quinta Milú. Germán, lo siento pero te voy a dar mucho la tabarra. De hecho, ya he empezado. Tú que me lees ya sabes que mi estilo de vino es éste que elabora Germán. Atención por la viña, búsqueda del alma de la parcela y de la uva, y buscar que cada parcela aporte cosas diferentes. Me gusta que dos parcelas contiguas den vinos distintos y dos añadas seguidas den también vinos distintos. Una vid nunca es igual.

Hablando con él resultó que es amigo de otros de mis viñadores favoritos: Orly Lumbreras y Daniel Ramos. Qué más puedo pedir?

Los vinos. Todos ellos son diferentes entre sí. Probamos cosas de 2014 y 2015. Y todos me parecieron increíbles. Resulta difícil elegir entre ellos, pero destacaré tres que me impactaron. Valdevicente me pareció maravilloso, con una mineralidad que no había visto antes. Increíble en boca. Bellavista Ánfora, no puedo decir lo suficiente de este vino. Había probado antes un vino blanco de Daniel Ramos criado en ánfora y este era el primer tinto que probaba. Sin palabras. Hay que probarlo. Por desgracia la DO no lo admite bajo sus normas por no ser típico de Ribera. Efectivamente, de eso se trata. De tipicidad ya están los supermercados llenos. Viñas Viejas. Decir mineralidad es poco, este vino huele a piedras.

La Cometa y Milú me parecieron muy, muy ricos, con una fruta muy rica y una nariz muy agradable. Bellavista y El Malo son también vinos muy ricos y agradables. Como decía, cualquiera de ellos me parece un gran vino que me da lo que busco: diferencia, novedad y personalidad. Recomiendo todos, y hay que apresurarse porque algunos tienen poca producción. De hecho, Milú es el 90% de la producción de la bodega, así que si las cuentas no me fallan los otros 6 vinos se reparten un 10%.

En primavera toca de nuevo visita, que dejamos muchas parcelas sin ver y eso no se puede hacer. Y también a la bodega de El Bierzo, que si está en esta misma línea, y creo que sí, va a terminar con mi sueldo y con el espacio en casa.

Más fotos,